En
su apogeo la Provincia Jesuítica de Misiones comprendió
a un total de 30 reducciones de indios guaraníes. La
monolítica unidad territorial, cultural y étnica,
que fue característica de Misiones, hizo crisis con el
advenimiento de la expulsión de la Compañía
de Jesús y luego con los movimientos revolucionarios
nacionales, en los primeros años del siglo XIX.
La inevitable desintegración del sistema ideado y consolidado
pacientemente por los Padres de la Compañía desde
los inicios del siglo XVIII, no tuvo grandes tiempos de espera.
El epílogo fue dramático y en algunos aspectos
violento. La renombrada «República Jesuítica»
territorialmente quedó fracturada y sus amplios territorios
fagocitados por tres Estados Nacionales: Argentina, Brasil y
Paraguay.
En la República de Paraguay quedaron: Nuestra Sra. de
la Encarnación de Itapúa, Trinidad, Jesús,
Santiago, Santos Cosme y Damián, Nuestra Sra. de Fe,
San Ignacio Guazú y Santa Rosa. En la República
Argentina quedaron: Yapeyú, La Cruz, Santo Tomé,
San Carlos, Apóstoles, San José, Mártires,
Santa María la Mayor, San Javier, Concepción,
Candelaria, Santa Ana, Loreto, San Ignacio Miní y Corpus.
En la República del Brasil: San Nicolás, Santo
Angel, San Miguel, San Lorenzo, San Luis y San Borja.
Desintegración
territorial, despoblación, desorganización política,
institucional y administrativa, fueron los factores decisivos
que arrastraron a los pueblos al estado de ruina arquitectónica
y urbana. En el caso de los quince pueblos comprendidos en el
actual territorio argentino se agregó otro factor: el
de la despiadada violencia conque fueron destruidos e incendiados
por las fuerzas invasoras paraguayas y portuguesas en el año
1817. En cambio, los pueblos comprendidos en los territorios
del Paraguay y del Brasil prolongaron su agónica extinción
algunos años más.
Los treinta pueblos jesuíticos durante los siglos XVII
y XVIII conformaron no sólo un ámbito territorial
definido, sino también un sistema integrado en el orden
económico y político-administrativo. La extinción
de aquella realidad histórica no fue absoluta. Como todo
hecho histórico, dejó significativas huellas,
algunas tangibles y otras intangibles. |
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