Las
Misiones Jesuíticas de Guaraníes han configurado
uno de los proyectos más notables de América en
cuanto hace a la ocupación planificada de un territorio
que se consolida finalmente en el asentamiento de treinta pueblos,
hoy en territorios de Argentina, Brasil y Paraguay.
Formados por la Compañía de Jesús a partir
de 1.609, las misiones de guaraníes recogen las antiguas
experiencias evangelizadoras e intentan plantear un modelo alternativo
para la integración del indígena que abarca los
planos sociales, culturales, económicos y políticos.
La evolución de estos pueblos y su conformación
en una escala integrada, expresan una forma solidaria de organización
que complementa su economía de base agrícola-ganadera
y el desarrollo de las industrias artesanales.
Esta acción fue posible en virtud de una planificación
metódica y sistemática que generó no sólo
respuestas urbanísticas sino también notables
logros en el plano artístico y arquitectónico.
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La expulsión de los jesuitas
en 1.768 significó el fin de esta experiencia tan singular
y los pueblos sufrieron un rápido proceso de deterioro.
De ellos quedan no sólo importantes conjuntos urbanos,
alguno de ellos reutilizados, notables restos monumentales,
sino también caminos, acequias y otras obras de infraestructura
que testimonian la eficaz tarea realizada por los jesuitas y
guaraníes.
La evolución de las condiciones económicas y políticas
a través de la historia originaron la fragmentación
del territorio, pero las nuevas naciones son conscientes de
la base común de ese patrimonio cultural y por ello adquieren
un compromiso solidario para su puesta en valor.
Esto implica una reafirmación de identidad cultural,
el asumir ese pasado como conciencia histórica y el definir
el punto de partida de un desarrollo integral.
Los testimonios de los conjuntos de las misiones jesuíticas
serán así elementos dinámicos para la propia
población y para otros sectores que se integren a través
de las programaciones del turismo cultural. |