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El 1 de agosto, en cualquier ciudad o pueblo misionero, desde muy
tempranito, es común ver a la gente reunida en las casas
o en cualquier esquina cumpliendo un rito compartido: los tres sorbos
-o los siete tragos, según quien lo diga- de caña
con ruda en ayunas.
La tradición se remonta a los indios guaraníes, que
ya reconocían las aptitudes medicinales de la ruda, tanto
para contrarrestar malestares gastrointestinales como para calmar
las picaduras de bichos y alimañas. Según la tradición,
el 1 de agosto es el día en que el invierno inicia su camino
en busca de la primavera, momento propicio para exorcizar los males.
La preparación de la caña con ruda está rodeada
de secretos que sólo conocen los iniciados: cómo se
recoge la ruda, cuáles y cuántas oraciones se rezan
al preparar la poción, qué tiempo de maceración
debe tener para resultar efectiva, qué cantidad de sorbos
debe beber quien la prepara. Y entre todos sus misterios, se le
atribuyen virtudes de lo más heterogéneas: efectivo
contra el mal de ojo, los parásitos, la gripe y la mala onda.
Rodeada de innumerables frases sentenciosas ("Julio los prepara
y agosto se los lleva", "Caña con ruda, contra
el mal ayuda", "Más vale emborracharse que morirse"),
la costumbre se ha vuelto inquebrantable y, verdadero o falso, en
Misiones el rito no se discute.
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