| Supongamos entonces
que no hay soluciones. El esclavo al trabajo. El rey al trono. Las
lágrimas a los ojos. Los fusiles a las guerras. El deshabitado al
oscuro recinto de las letras. Las caricias a los paréntesis entre
silencios. El huérfano al hospicio. El enfermo al hospital. El ángel
rubio a la libertad. Supongamos mi amor lejos del tuyo. Supongamos
la realidad. Pero siempre habrá en el reino de las tierras un corazón
de acero inoxidable que luche por todo... y por nada. |